Las mieles del paraíso.


Ciudad Paraíso promete ser un territorio vuelto a la vida, donde renacerá la esperanza de ver un centro diferente, despojado de aquello que hoy lo hace ser sinónimo de inseguridad y rechazo. Un centro visible y digno de visitar. Por esta razón es necesario comprender de qué forma se está definiendo aquel paraíso, y por demás, a qué y a quiénes corresponde su beneficio o sus “mieles”. Para esto, debemos fijarnos en el discurso oficial y el despliegue mediático que acompaña este proyecto que, como veremos, se caracteriza por elaborar una imagen deseable de la renovación.

¿A qué apela la imagen publicitaria de Ciudad Paraíso?

Por un lado, tengamos en cuenta que en el nombre del proyecto hay un juego de antítesis (de El Calvario al Paraíso) que lo proyecta idealmente como la representación de un paraíso contrastado con un espacio que parece alejarse tangencialmente de él. Esta persuasión a hacer deseable el proyecto está reforzada con un slogan sencillo y llamativo como lo es el caso de “El centro para todos!”. Así se espera que este proyecto se acepte socialmente como materialización de la política de inclusión.

Por otro lado, hay unas condiciones que son mostradas como beneficios generales del proyecto, como la revitalización del entorno una vez sea erigida la nueva ciudad, la generación de un ambiente habitable, seguro y amable, que se menciona dentro del video oficial del proyecto como parte de las ventajas del nuevo centro en comparación con el estado actual en el que solo abundan problemáticas.

Además, el logo de Ciudad Paraíso es una muestra más de la proyección moderna y estética que el progreso sugiere. Unos edificios altos, coloridos y alegres se prestan de fondo para una pareja ejecutiva, exitosa, juvenil y fresca que se entrelaza en un amoroso saludo de bienvenida a la nueva ciudad que ha logrado salir del atraso y ha alcanzado los requerimientos competitivos de las capitales modernas del mundo.


El entorno prometido, contiene infraestructuras que auguran las bases para una sociedad reformada y revitalizada desde su centro. Además de los espacios públicos, las zonas de comercio y mixtas, se plantean dos tipos de equipamentos que articulan el proyecto:

El Búnker de la Fiscalía.


Tal como está planificado, la sede de la Fiscalía se realizará con presupuesto nacional y estará ubicada frente al Palacio de Justicia (destruido desde el atentado en el 2008) en el barrio El Calvario. Su objetivo es la consolidación del Servicio de Justicia, a través de la implementación de un centro especializado que aglutine actividades institucionales y un gran número de funcionarios (aproximadamente 3500 según el gerente de la EMRU Yecid Cruz). Y está justificado en la idea de la ausencia del Estado que genera la perdida de control territorial y el posicionamiento de la ilegalidad. Por esta misma línea se concibe que los focos de inseguridad ocurren también porque no hay presencia de “comercio”, pero no cualquier tipo de comercio, sino uno que cumpla con todos los requisitos y condiciones legales de dinamismo económico.

Estación-Hipermercado.


Por otro lado, la estación-hipermercado, evidencia la manera en que se concibe como algo soñado, anhelado y deseable, el hecho de poder tener una estación del Sistema de Transporte Masivo junto con una plataforma comercial, (hipermercado, supermercado o centro comercial), ya que una de las justificaciones consideradas como requisito en el proyecto de renovación es contribuir a la movilidad urbana. (Teniendo en cuenta que el socio principal del proyecto es Metrocali.) Las razones por las cuales se torna necesaria una ampliación de las estaciones de la zona céntrica de la ciudad, es la cantidad de personas que allí circulan, lo cual supone hacia el futuro un colapso dentro de las mismas. Eso podría explicar las medidas de reestructuración de las rutas de transporte público, que en un futuro perderían completamente sus recorridos para que pueda marchar eficientemente el MIO.

Ahora, fijémonos en algunas de las expresiones con las que el gerente de la EMRU se refiere al tipo de ideales que están siendo amarrados al imaginario paradisiaco del proyecto de renovación del centro.

Este proyecto, como parte de las tendencias modernas en el mundo, plantea la necesidad de ofrecer una diversidad de servicios que generen una nueva relación con el espacio. De hecho, se espera poder “desestimular el transporte vehicular” (aunque también se argumente que la gente no va al centro porque no hay parqueaderos”) para que la gente pueda tener a la mano todas las comodidades de una vida modernizada. Uno de los intereses principales de Ciudad Paraíso es la redensificación del centro. ¿Pero quiénes están llamados a habitarlo? Si uno se fija en el discurso del gerente de la EMRU, cuando se refiere al Búnker de la Fiscalía, notamos una caracterización ideal del tipo de vida que corresponde a esa estructura física: “Usted se imagina uno, viviendo cerca del trabajo, siendo uno funcionario o del Palacio de Justicia o del Búnker de la Fiscalía, teniendo una plataforma o un centro comercial con una estación integrada al Sistema de Transporte Masivo, ¿Quién no quisiera vivir en el centro?”
Pero la proyección de la vida en estas maravillosas condiciones de las que habla la EMRU excluye a la población que no puede ni siquiera soñar con ser funcionaria del lugar que va a reemplazar su vivienda y su lugar de trabajo. Con respecto a la parte de inclusión social, hay varias alusiones a la manera en que se ha trabajado conjuntamente con la población, incluso muestran unos videos de personas agradecidas por haber recibido indemnizaciones de la EMRU para amortiguar el impacto del
desalojo.

Lo que sí parece ser un gran beneficio, es la desregulación tributaria aprobada por el concejo en el Acuerdo 049, que beneficia a quienes quieran invertir en ese proyecto, es decir, a los gremios más importantes de la ciudad y a las empresas multinacionales que encuentren en este territorio una perfecta oportunidad de inversión.

También es de gran importancia subrayar el hecho de que un gremio como Camacol apoye esta iniciativa de renovación, en la medida en que puede respaldar y dar “credibilidad“ a este proyecto. A su vez, podemos ver cómo es presentado este hecho como una prueba del carácter participativo del proceso. Así como dice el gerente de la EMRU:“Estos espacios son muy muy muy importantes, porque pretende vincular al privado, poder socializar, porque la gente piensa que la renovación urbana o los proyectos de ciudad son simplemente de unas clases especiales, y esto no, esto lo que pretende es abrir la participación.” Yecid Cruz aboga por una amplia participación, pero de los gremios económicos.

Ciudad Paraíso, está anunciando una lógica de oposición que permite establecer una relación binaria entre lo que parece generar rechazo y lo que busca generar deseo. Se busca la parte positiva (el ideal) desde su nombre hasta su organización, su población, su administración y el tipo de vida que es posible tener: de El Calvario al Paraíso, del comercio informal a la presencia del comercio organizado, de la drogadicción y delincuencia a la inserción exitosa al mundo laboral y productivo del funcionario, del hacinamiento y la suciedad a la vivienda perfectamente organizada, y así pasando por la eliminación de la diversidad del transporte público al único sistema de transporte masivo, entre otros aspectos.

Esto, desde luego permite comprender la lógica estratégica con que se justifica un proyecto de este tipo, en el que la parte deseable e idónea se superpone sobre aquello negativo, que no debería existir y que por tanto hay que combatir.

Roberto habla de Ciudad Paraíso como proyecto ideal desde el punto de vista urbanista, concluyendo que se hace sobre el detrimento de las personas que viven en el sector.