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La entrada en San Pascual. |
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Intenté establecer de muchas formas contacto con alguien que me permitiera conocer a fondo la situación de los recicladores en el centro, dinámica que desde un principio consideré central para mostrar el conflicto central de mi investigación, no solo para mis propósitos académicos, sino porque me parece esencial para el anláisis de las problemáticas de Cali. En esta búsqueda me encontré con Mario López un ciudadano que ha estado involucrado en el proceso organizativo del reciclaje en la ciudad y en el centro de Cali. Nos reunimos en repetidas ocasiones y fue gracias a él que me sumergí en las entrañas de la famosa “olla”. Sin embargo, por las condiciones de zozobra y desconfianza que se sienten en aquellas calles, ví frustrada la posibilidad de construir una relación que permitiera profundizar en la problemática de las condiciones cada vez más precarias en que se desarrolla esta actividad. Sin embargo fue gracias a Mario que conocí a Roberto Alimentato, presidente de la Junta de Acción Comunal del barrio San Pascual, con quien establecí una dinámica constante en todo el proceso investigativo. Todavía con la mirada puesta en la dinámica del reciclaje, comencé a reunirme con Roberto Alimentato, Carlos Córdoba y Francisco Fernández quienes hacen parte de la Junta de Acción Comunal y el Comité de San Pascual y les manifesté mi interés en la temática del reciclaje. Ellos muy amablemente comenzaron a contarme la historia del reciclaje en el centro, cuando Roberto me contó que “el 85%, por no decir que el 90% de los recicladores que trabajan en este sector, no viven aquí”, entendí que esta dimámica rebasaba los límites terriroriales de mi investigación por lo que no podía ser su tema central. A partir de ahí inicié un proceso de reconocimiento de las diversas problemáticas que tejen la complejidad territorial del barrio y logré determinar que la desvalorización tanto administrativa como a nivel de las representaciones que están intimamente relacionadas, es el elemento central que ha generado un proceso de inconformidad y reivindicación. En esta complejidad hay relaciones enmarcadas en la institucionalidad que hacen parte de las formas participativas del control administrativo (como es el caso de una Junta de Acción Comunal) pero que cuestionan y reclaman las deficiencias institucionales. Y tambiénOtra de las particularidades es que también es evidente la capacidad de los pobladores para construir una ciudadanía con y solidaridades sentida y problematizada, con intereses particulares pero también con apuestas comunes que van más allá de la naturalización de algunas condiciones sociales. En el 2001, a raíz de varios procesos jurídicos no resueltos, con respecto al desorden e insalubridad generalizados en algunas bodegas de reciclaje, especialmente en una que aparentemente manejaba sin control una cantidad enorme de residuos, se establecieron unas mesas de concertación con la presencia de bodegueros y recicladores apoyadas por varias dependencias de la administración municipal. Este proceso culminó en el 2004, cuando se generó un documento en el que se consignaron aspectos frente al manejo de residuos sólidos y con respecto a la organización de cadena del manejo de éstos y a las condiciones laborales de recicladores, carretilleros y bodegueros. Lo interesante de este proceso, además de sugerir algo que la representación negativa invisibiliza por completo como es la capacidad de soñar y construir un proyecto de barrio para la ciudad, es que el reciclaje ha sido uno de los elementos que más peso tiene dentro del estigma social al que se han enfrentado los pobladores de San Pascual. Pero al mismo tiempo la convivencia con el problema, el reconocimiento de sus lógicas, limitaciones y posibilidades, no genera un rechazo radical sino la posibilidad de pensar y organizar esta actividad de manera que fuera posible construir una conciencia frente al manejo adecuado de los residuos sólidos, ya que son generados por todos los ciudadanos y la recolección constituye un servicio público, que en estos momentos está siendo manejado por empresas privadas. En estas mesas de concertación los habitantes del barrio San Pascual anhelaban el reconocimiento de los impactos ambientales positivos que el buen manejo de los residuos sólidos posibilita, la gran rentabilidad de su aprovechamiento, y lo que ellos consideran un trato más justo de las condiciones de vida de los recicladores en las ciudades, que sometidos a una evidente desventaja laboral con respecto a las empresas privadas de recolección de basuras, lo cual agudiza la crisis de este gremio y lo condena a la extinción. (ver infografía: territorio reciclable, residuos en disputa) En el resultado de estas mesas, comprendí que los pobladores se sentían agraviados por la Alcaldía, ya que el documento que resultó de aquel proceso de concertación fue cooptado y adaptado, para luego ser socializado como el PGIRS (Plan Integral de Residuos Sólidos) para la ciudad de Cali, sin que hubiese sido reconocida la participación del barrio. Esta política pública para el manejo de los residuos sólidos es de carácter nacional, pero en este contexto muestra que surgió desde los barrios y no desde un escritorio de las oficinas municipales. |
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